| Por entonces
vivíamos en un pueblo de Toledo (España). Yo estudiaba en
el instituto del pueblo y comencé a salir con una chica de familia
humilde. No tenía madre, y su padre trabajaba en el campo de la
mañana a la noche, por lo que estaba sóla en casa todo el
día.
Por entonces
teníamos clase por las tardes, de 4 a 6, así me aficioné
a pasarme por su casa después de comer y hasta la hora del instituto,
para irnos juntos. Ese rato, lo aprovechaba para intentar pasarlo lo mejor
posible, pero sólo llevábamos 2 meses saliendo, y ella se
me hacía la estrecha. No pasaba de mucho morreo, y alguna vez, forzándola
en contra de su voluntad, logré meterla una mano en las tetas, y
tocarle un poco el coño siempre por encima del pantalón,
y con su mano empujándome en señal de rechazo. Ella tenía
16 años, era un poco gordita pero no le sobraba nada, eso le hacía
tener unas curvas que a mí me ponían muy caliente.
Dejaba la puerta
de su casa abierta para que yo entrara sin llamar y con sigilo para no
ser visto por las cotillas de las vecinas. Pero un día vi algo que
me dejó sin aliento.
Ese día,
no recuerdo por qué, terminé de comer antes de lo habitual,
y salí corriendo, excitado, pensando en la sesión de besos
y sobeteos que pensaba dar a mi novia. Su casa era una casa de pueblo,
de una sola planta, con un largo pasillo, al fondo del cual se encontraba
un patio y la cocina. Entré como siempre, despacio, sin llamar,
y avancé por el pasillo en silencio, cuando escuché voces
de alguien adulto. Mi primera reacción fue esconderme en la primera
habitación que tenía cercana, era un dormitorio con una ventana
al patio desde la que podía oír y ver el interior de la cocina
sin ser visto. Me asomé por esa ventana y puede ver de lo que se
trataba. Allí estaba su tío Paco, un señor de unos
55 o 60 años, era un auténtico borrachín,
la oveja negra
de la familia. A esas horas, venía harto de vino, y supuse que,
camino de su casa, se había parado ha hacer una visita a su sobrina.
Ella me contó que a veces se paraba a visitarla y hacía que
le pusiera el último baso de vino.
Decidí
esperar a que se fuera, pensé que no tardaría mucho, pues
eran casi las tres de la tarde y su mujer le esperaba. Entonces agudicé
el oído y empecé a alucinar. Mi novia, sentada en un taburete,
pelaba patatas o algo así, y su tío Paco, baso en mano y
frente a ella estaba hablaba con voz enrevesada producto del alcohol:
Vamos sobrina,
guapa.
Déjame
en paz, tío, te he dicho que te vayas.
Me entran
ganas de comerte sobrina, que buena estas, jodía.
Yo sólo
veía al tío de costado, con su enorme barriga hacia delante,
y haciendo un gesto con la cadera (que quedaba a la altura de la cara de
ella) un poco grosero, mientras decía :
Vamos sobrina,
que la tengo para explotar.
Esas palabras
me dejaron paralizado, el muy cerdo le estaba diciendo groserías
a mi novia, estuve a punto de salir a parar aquello, pero por cobardía
u otra razón que desconozco me quedé allí, muy asustado.
Entonces, con la mano que le quedaba libre, desabrochó los botones
de su bragueta se metió la mano y sacó una enorme polla larga
pero sobre todo muy gorda, nuca pensé a mis 17 años, que
un hombre pudiera tener algo así.
No seas cerdo,
tío, ¡¡vete de aquí !!- gritó ella, sin
mirar si quiera a ese miembro descomunal.
El muy cerdo
del tío Paco, en ese momento, sin soltar el baso de vino, y con
la polla erecta, cogió la cabeza de mi novia y la achuchó
contra su miembro, la cara de mi novia quedó aplastada contra aquella
masa de carne, era tan enorme que el glande y parte del pene sobresalía
por encima de la cabeza de ella. Él comenzó a moverse hacia
delante y atrás, como si estuviera foliando, sin dejar de presionar
la cara de ella contra su polla.
Soltó
el vaso de vino, y agarrándola del pelo, llevó su cabeza
hacia atrás, con la otra mano cogió su polla, y después
de presionar un rato contra la boca de mi novia, que se resistía
apretando los labios, logró metérsela en la boca tan al fondo,
que ella sufrió una arcada que casi la hace vomitar.
Yo estaba estupefacto,
inmovilizado, viendo como ese viejo asqueroso gordo y borracho, forzaba
a una chica de 16 años. Así estuvo un rato, agarrándola
por el pelo, la movía la cabeza adelante y atrás. Veía
como esa enorme polla entraba y salía de la boca de ella rítmicamente.
Yo estaba paralizado y ella también, pues todavía tenía
en sus manos, que reposaban sobre sus piernas, el cuchillo y la patata,
en una actitud pasiva y de rechazo. Estaba siendo forzada, eso al menos
creía yo hasta que ella soltó lo que tenia en la mano, y
sin dejar de chupar, le acabó de desabrochar el pantalón,
que cayó al suelo, le rodeó con sus
manos el culo
metiéndolas por debajo del calzoncillo, y pude adivinar cómo
sus preciosas manitas de adolescente se clavaban en la raja del culo peludo
y gordo de su tío, y como en ese movimiento le metía varios
dedos por el ano mientras él lanzaba un alarido de placer.
Mientras, el
tío Paco, que seguía de pie frente a ella, se inclinó
y le metió sus gordas manos en las tetas. Ella, la muy guarra, tuvo
que inclinarse un poco hacia adelante para no dejar de chuparle y para
favorecerle la labor. Se las masageaba de tal manera que parecía
que le iba a romper el sujetador y la camiseta.
Supongo que
debe ser el sueño de todo viejo verde, hacerle algo así a
una niña de 16 años.
Sigue, sobrina,
sigue... ahhhh --ordenaba el viejo borracho, mientras echaba su cabeza
hacia atrás de puro placer). Ahora parecía ser ella la que
llevaba la iniciativa.
Al principio
estuve a punto de intervenir varias veces, hasta que me di cuenta de como
la puta de mi novia consentía todo aquello, o por lo menos lo toleraba,
hasta que se calentó y empezó a disfrutar la muy perra, cuando
a mi casi no me dejaba tocarle las tetas.
Sabía
que el próximo traslado de mi padre era inminente, y no quería
líos. Al fin y al cabo en unos meses nos iríamos seguramente
a un pueblo de Jaén y no volvería a saber nada más
de todo aquello. Además estaba tan excitado que la polla me iba
a estallar.
Uno de los
gemidos más intensos del viejo coincidió con su corrida,
ella sacó la polla de su boca cuando esta estaba en plena corrida,
y con la mano terminó de masturbarle mientras él bufaba de
placer como un cerdo.
Mi novia escupió
el primer semen que le había caído en la boca y se levantó
del taburete. El viejo tío terminó de echar su corrida en
el suelo y se abalanzó sobre ella, con gran habilidad le metió
la mano por debajo de la falda y de las bragas hasta tocarla su hermoso
culo que yo sólo había tanteado alguna vez por encima del
pantalón baquero. Ella se resistió y de un fuerte tirón
logró sacarle la mano diciendo:
¡¡
Ya esta bien, tío Paco !!, márchate ya y no sigas con esto,
ya has tenido bastante.
Ves como al
final siempre te gusta, guapa. Cada vez lo haces mejor.
Entonces me
confirmó que no era la primera vez, la muy cerda se hacía
la estrecha conmigo, como una adolescente ingenua, mientras hacía
guarradas con un viejo, que yo sólo había visto en alguna
revista porno. ¿Pensáis que ya no podría sorprenderme
nada? Yo también hasta que el viejo borracho de su tío dijo
subiéndose los pantalones:
La próxima
vez tenemos que invitar a tu novio, ¿has probado ya su pollita?,
tiene que estar muy tiernecita ¿eh sobrina?...
Ella le miró
con cara de odio diciendo:
¡¡¡
CERDO ASQUEROSO!!!
Apuró
el baso de vino y se marchó. Yo seguí agazapado en aquella
habitación y pude escuchar como mi novia se dirigía al cuarto
de baño y se lavaba los dientes. |